viernes, 12 de marzo de 2010

Despedidas.

Parecía ayer cuando paso de visita por mi casa para comunicarme la noticia. Me di cuenta que algo no estaba bien cuando la vi. Estaba destruída.
Ahora se encontraba ahi, en frente mio. Tan pálida y fria. Tan pacifica que hubiera jurado que estaba durmiendo de no haber sido por la línea recta que mostraba el cardiógrafo.
Sus párpados cubrian sus profundos ojos color chocolate que una vez fueron tan felices y expresivos. Su nariz mostraba la curva por la cual miles de lágrimas cayeron aquel día en mi casa, mientras ella me contaba todo.
Sus labios, pálidos y casi azules parecian susurrar miles de silencios que me iban a acompañar para siempre. Y su lacio cabello marron caía por los costados de la almohada.
La escena parecia tan irreal que quería pellizcarme para asegurarme que no era una pesadilla. Las enfermeras se movían con rapidez alrededor de ella, pero yo las veia en camara lenta, y mis ojos estaban clavados en cuerpo sin vida en frente mío.
Una sensacion de rabia mezclada con tristeza me invadió. Ella era tan buena. Ella no se merecia el sufrimiento por el que pasó.
El doctor, parado al lado de la cama anotaba la hora de muerte mientas yo me alejaba lentamente, petrificada ante la imagen y sin despegar mis ojos de ella.
Dejé la fría y monotona habitación, donde ahí, ya no había nada que me importara, por que ella se había ido.


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