lunes, 6 de diciembre de 2010

En la ribera.

En la ribera hay hormonas, hay redoblonas. Negras caderas que cinturean la miseria. En la ribera, cloaca de la historia, negros de La Boca, ó Avellaneda, ó Laferrere, ó La Matanza, que todavía duele. Sólo se arroja basura, se aspira pimienta blanca, los corazones supuran y murguean danzas guerreras. Bailan al hambre, cantan a la peste, cueste lo que cueste. Es el arte de la pelea.
Es una cámara de fotos comida del día, un auto puede salvarlos un mes más. Como manada acechando a sus presas, no hay peor delito que dejarse basurear.
En la ribera se culea, el parapléjico te mueve, los abuelos te voltean. Rebelión indiferente, regala vida el agujero, flores del riachuelo.
En la ribera el sexo es barato. Conocí a los quince años la cara de Dios. En la ribera el chaperío revienta, crecen más de la cuenta. El indio no desapareció.
En la ribera cuelgan de a diez en las tetas, son las condecoraciones que ningún genocida cargó. En la ribera si no se mueren de hambre es que algo queda en la sangre que el viento no se llevó.
Y cumbiean todas las noches, cuentan historias que ni el más cruel imaginó. Mastican rabia como en antiguas reducciones, sin siquiera saber de dónde viene su piel.
La púa es como una antigua lanza guerrera, la nueva arma del urbano cazador. Parece ser que envenenarlos, no es violencia, y es violencia su desesperación.
En la ribera te culean, el parapléjico te mueve, el abuelo te chorea. Que bonito en la ribera.

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