jueves, 9 de diciembre de 2010

Maldito invierno del 92.

Un invierno que dolia el frío, mi cuerpo ya no era el mío. Iba en el ómnibus resfriado, mirando por el vidrio empañado. Era lindo aunque con mal aliento, pero le cedí la mitad de mi asiento. "Lo lamento" me dijo con acento "al lado de una degenerada no me siento". Ah rubio, te hizo mal la lluvia ó tenés la mente turbia. Soñas que te sigue un paparazzi, con lentes negros de noche pareces un nazi. No te acompaño el sentimiento, vas a morir de un ataque de pensamientos, y le grité en la cara congelada "Otro rubio tarado".
Me noté el ganglio inflamado, un auto no frenó porque estaba mojado, atropelló a un niño sin piedad, lo que mata es la humedad. Como hermano menor habia heredado sólo este buzo agujereado. Y sabía que al tipo de al lado le sobraba un acolchado. Cuando lo vi caminando por la acera de enfrente lo fui llamando, primero hizo como Pílar miró, después como Robinson cruzó, pero me dijo señorito, que en el acolchado dormía su conejito. Que sabrá lo que es un gheto? Otro ecologista cheto.
Iba en la niebla con mi dilema, en el pulmón me salió un edema y con mi aspecto de calavera fui a que me viera una enfermera. Parecía que yo deliraba, decia que era porque de fiebre volaba. "Volar”, dije mirando un termo, “El sueño de los hombres y los pájaros enfermos”.
Esa curandera rea, que en una asamblea de la OEA, el hígado me dejó como paté porque me contagió con hepatitis B.
Le descubrí a esa rastrera un muñeco vudú mío en la heladera, le llené de flema la caldera. Otra perra traicionera
Va a ser una larga espera hasta que llegue la primavera. Aunque de frio voy tiritando yo me sigo calentando.
Alguien que de calor, le pido por favor.
Maldito invierno del 92.



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