domingo, 19 de junio de 2011

Hay muchas partes del himno que no se cantan.

¡Oíd, mortales!, el grito sagrado: ¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!. Oíd el ruido de rotas cadenas, ved en trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación, coronada su sien de laureles y a sus plantas rendido un león. De los nuevos campeones los rostros Marte mismo parece animar la grandeza se anida en sus pechos a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas y en sus huesos revive el ardor lo que ve renovando a sus hijos de la Patria el antiguo esplendor. Pero sierras y muros se sienten retumbar con horrible fragor
todo el país se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia escupió su pestífera hiel. Su estandarte sangriento levantan provocando a la lid más cruel.
¿No los veis sobre Méjico y Quito arrojarse con saña tenaz, y cuál lloran bañados en sangre Potosí, Cochabamba y La Paz?, ¿No los veis sobre el triste Caracas luto y llanto y muerte esparcir?, ¿No los veis devorando cual fieras todo pueblo que logran rendir?
A vosotros se atreve, argentinos, el orgullo del vil invasor. Vuestros campos ya pisa contando tantas glorias hollar vencedor. Más los bravos que unidos juraron su feliz libertad sostener, a estos tigres sedientos de sangre fuertes pechos sabrán oponer.
El valiente argentino a las armas corre ardiendo con brío y valor, el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente de los pueblos de la ínclita Unión, y con brazos robustos desgarran al ibérico altivo león.
San José, San Lorenzo, Suipacha. Ambas Piedras, Salta y Tucumán, la colonia y las mismas murallas del tirano en la Banda Oriental, son letreros eternos que dicen: Aquí el brazo argentino triunfó, aquí el fiero opresor de la Patria su cerviz orgullosa dobló.
La victoria al guerrero argentino con sus alas brillantes cubrió, y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio; sus banderas, sus armas se rinden por trofeos a la Libertad, y sobre alas de gloria alza el Pueblo, trono digno a su gran Majestad.
Desde un polo hasta el otro resuena de la fama el sonoro clarín, y de América el nombre enseñando les repite: ¡Mortales, oíd!
Ya su trono dignísimo abrieron las Provincias Unidas del Sud, y los libres del mundo responden: ¡Al gran Pueblo Argentino, salud!
Sean eternos los laureles que supimos conseguir: Coronados de gloria vivamos, ó juremos con gloria morir.

 

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