jueves, 7 de julio de 2011

Velorio.

Vi escenas tristes y dolorosas. Vi gente querer matarse y llorar de impotencia. Pero la que viví hoy yo, no se acerca a ninguna de ellas. La que viví yo, supera a cualquier realidad ó ficción.
Hoy a las 5 de la mañana fuimos a la cochería de San Justo a velar a mi abuela. Mi papá firmo unos papeles y de paso estaban Marta y sus hijos, gente muy cercana a mi abuela.
Yo sentía el dolor en el aire, el de mi papá, el de mi mamá, el de esas personas, pero el que más sentía, era el mio propio.
A las 14 horas, la transladábamos al cementerio de Flores. Y yo, no lloré en todo el velatorio.
Quizá por que no podía. Quizá por que sentía bronca. Ó capas por mi viejo, por que sabía que tenia que ser fuerte para él. Y si, nunca sabes qué tan fuerte podes ser hasta que ser fuerte es la única alternativa que te queda.
Sólo sentí como se me creaba un agujero negro en el lugar donde tenía que estar mi corazón cuando mi papá, fué el primero en ver a mi abuela en el cajón.
Yo nunca había ido a un velatorio, y esta es la muerte más cercana que tuve en mi vida. Entré a esa sala fría y sólo podría ver la parte de abajo del cajón. Entonces me acerqué. Estaba vestida de blanco con costuras doradas, tenía en las manos un rosario y los ojitos cerrados. Podía estar durmiendo de no ser por lo pálida que estaba. Y todavía tenía esa manchita arriba de la ceja izquierda.
Sólo se que al verla, los presentes (Que hasta la hora eran pocos y después empezaron a llegar) lloraban desconsoladamente. Todos menos yo. Que me aferraba al cajón, viendo sólo piel y huesos, no a mi abuela. Esa persona no era mi abuela. Cuando estaba casi sóla, me le acerqué y le dije: "Sos mi ángel ahora".
Las coronas habían empezado a llegar. "Tus consuegros, Antonio y Antonia", " Tus hijos e hijos politicos", "Yiyo, Ñoño y Marta", "Tus sobrinos" "Tus nietos" y del trabajo de mi papá.
Veía la tapa del cajón, y en la pared sobre su cabeza cruces, y yo no sabía que pensar. Ella no podía estar ahi, eso era una pesadilla. Cerré los ojos múltiples veces bien fuerte, pero los abría y seguia ahi, y seguia ahí, y seguí ahi.
Salí y me senté sola, mirando al piso temblando. En mi cabeza no pasaba nada, y al mismo tiempo, pasaba todo.
La gente empezó a llegar, mis tíos, mi primo, familiares, amigos. Cuando mi tia llegó, sólo entró a la sala y lloró, y lloró y lloró al lado del cajón, y no salió. Estuvo al lado de mi abuela todo el tiempo, le acomodaba el pelo, la ropa, el rosario...
Estuve la primer hora sóla, y después fuí con mi primo Matías, que tiene la misma edad que yo. Estabamos los dos dolidos, pero no lo íbamos a mostrar, no, no. Él hacía chistes en voz baja y hasta cantaba cánticos de River, y era lo mejor que podía hacer, por que ella nos quería ver bien, riendo.
Salimos a caminar varias veces, a tomar aire, y es que él no aguantaba estar ahí. Él, que creció al lado de mi abuela, que la escuchaba, que aunque hiciera lío, ella era su cable a tierra. Y hasta me contaba cómo iba a tatuarse algo en conmemoración a ella.
Mi viejo y mis tíos se abrazaban y lloraban y yo, al lado de él, me sentía segura. Por que (Aunque nunca se lo voy a admitir) los dos estabamos igual de dolidos, y necesitabamos a esa otra persona en el mismo lugar que el otro, los dos primos que crecieron juntos.
Cuando llegó el cura, yo y él estabamos apoyados contra la pared. Y en un momento lo miro, y dos lágrimas le caian de los ojos. Eso me rompió el alma. Por que vi a mucha gente dolida hoy, pero ver a mi viejo, a mi tía y a mi primo asi....les juro que es un dolor y una impotencia horrenda.
Yo estaba con mi primo, entraba a verla, salia, caminaba, no sé, en esos momentos estabamos perdidos. Sé que en un momento, me acerco a mi tía que no se había alejado del cajón en todo el día, ella me abraza, y le digo: "Ella es un ángel ahora, si Silvi? Nos va a cuidar a todos" y ella lo sabía. Sabía que mi abuela iba a estar para ella y para Tomás, mi primo de 10 años, en cada momento, pero en esos momentos, sólo pensas....la pucha, esto no tenía que ser asi.
Creo que el momento más doloroso fué cuando la chica entró y dijo que nos vayamos despidiendo. Sólo nos quedamos ahí, llorando, mirando ese cuerpo sin vida donde yo no veía a mi abuela. Quedamos Matías y yo, al lado de ella. Él le besó la frente y yo le toqué el brazo, ese helado y pálido brazo. Agarré a mi primo de la manga de la campera, miré a mi abuela, y le dije "Te amamos abuela". Pegué media vuelta y me fuí, sin derramar ni una lágrima, pero con ganas de dormir y no despertar, para no volver a sentir ese dolor horrendo.
Salimos afuera con mi primo y un par de personas más, veía como arreglaban en el primer coche las coronas, y en el segundo, a ella.
Cerré los ojos otra vez y volví a pensar que era todo mentira, que ella estaba en la casa de Tomás, cuidándolo a él y a mi primita. Pero no, era verdad, la verdad más dolorosa y horrenda de mi vida. Ella estaba arríba de ese coche, para su último viaje.
Una señora llamada Cristina, compañera de trabajo de mi papá nos llevó a mi, a mi mamá a su hijo Alejandro y a mi primo en la caravana. Aún ahí, aunque después de un rato, Matías seguia haciendo bromas.
Llegamos al cementerio de Flores, nos bajamos todos, y varios hombres, entre ellos mi papá, mi tío y mi primo ayudaron a bajar el cajón a la capillita. Sólo sé que entre el dolor, les juro que hasta sentí orgullo. Por ella, por mi viejo, por Matías, que con 16 años, estaba llevantando el cajón, con la mano adolorida.
Matías y yo nos pusimos justo en frente, haciendo que del cura, nos separara el cajón.
Nunca fuí tan fuerte en mi vida, nunca me dolió tanto el pecho, nunca sentí que se me caía el mundo abajo asi como en ese momento.
Sentía que el cura me miraba, y yo solo tenía ojos para el cajón, con el nombre María Elena Milia. Los ojos se me llenaron de lágrimas, pero no lloré. No todavía.
La levantaron denuevo, la subieron al coche, y fuimos todos hasta los nichos.
Bajaron el ataúd, lo subieron a una camilla extraña, y con los hombres llevándolo, empezamos a caminar. Yo justo atras. Adelante de todos, con paso decidido.
Mientras caminaba, miraba los nichos con nombres, fechas, flores, banderines de fútbol, y sólo pensaba, "Ustedes acompañenla, háganle companía.".
Llegamos al nicho 6471, si no me equivoco, es que para los números soy un desastre, pero eso no importaba. Era sólo un agujero más en la pared. Un frio y oscuro agujero, donde ella no pertenecía.
El hombre dijo que nos acerquémos al cajón para despedirlo. Todos lloraban, y yo, con lágrimas en los ojos, apoyé una mano arriba de la tapa y miré, con la cara fría.
La subieron, y mi tía empezó a sollozar desesperadamente, pusieron las flores, y ella le dijo al muchacho, "Ponele mi cadenita, me la regaló ella, pero se ve que mucho no me ayudó".
Cerraron el nicho, y los que la subieron se fueron. Nos dejaron ahí, a sus seres queridos sólos, tristes, dolidos, pero esa escena seguro la habían visto varias veces ya.
Nos quedamos en silencio, yo y mi tía adelante de todo, mirando. Le pusieron flores, y una estampita que nos dieron en la funeraria. Mi viejo y mi tió lloraban.
Empezaron a despedirse de ella, poniendo una mano sobre el nicho, algunos diciendo algo, otros, nada. Quedamos mi primo y yo, sólos en el pasillo, con todos al final, algunos esperandonos, otros sólo mirando. Puse una mano sobre el nicho y con rabia le dije: "No te tenías que ir. No todavía. No era tu hora, vos te tenías que quedar con nosotros". Ese fué el único momento donde se me calleron las lágrimas que tanto había guardado. Me sentí tan destrozada que no le desearía ese dolor a nadie. Y hasta le había dicho a mi mamá, un día antes, mientras lloraba: "Yo voy a ser médica, por ella. Para salvar a gente como ella, para que sus familiares ni nadie sienta este dolor, por que nadie se lo merece".
Después de eso, con la cara llena de lárgimas, me acerqué a mi primo, que al final, lloraba, se le acercó y tocó el nicho. Yo hice lo mismo.
De fondo escuché a mi tía, mientras lloraba, decir: "Los nietos Pablo, los nietos, ella de desvivía por los nietos y ahora ellos la están acompañando".
Nunca ví algo más triste en mi vida. Claro, ustedes no lo vieron, no estaban ahí, pero ese dolor...sentí que estaba perdida. Pensé que nunca más iba a volver a sonreír de verdad, sólo era yo. Yo, ese nicho y mi dolor, con mi primo al lado. Mi primo se fué, di unos pasos hacia atras, casi chocando con otro nicho, mientras miraba donde ahora estaba mi abuela, ó el cuerpo de ella, por lo menos. Y dije: "No era tu hora, no te tenías que ir."
Caminé hacia la gente, con el sentimiento más amargo que alguna vez tuve, ya no lloraba, ya no sentia nada. Sólo caminé. Ni siquiera miré. Sólo un paso después del otro, y nos fuimos. Nos despedimos, entregaron más estampitas, y me subí al coche, totalmente perdida. No sentía nada. Mi cara no mostraba sentimiento alguno, y tampoco mis ojos, por que lo sabía. Había sido lo suficientemente fuerte, y si lo había sido ahi, podía mantenerlo.
No me servía de nada llorar, eso la iba a traer? No. Sólo me quedaban recuerdos. Sólo me acordaba de su risa, y como choqué contra la pared mientras le decía a mi vieja el día anterior: "Tengo la risa aca, en mi cabeza, se rie, se rie, no escucho otra cosa, no puedo escuchar otra cosa, no la puedo sacar de mi cabeza". A lo que mi mamá respondió: "Pensá que te quedan los recuerdos Lu", y yo, desesperada por el dolor, le decia gritando: "NO QUIERO RECUERDOS, LA QUIERO A ELLA, LA QUIERO ACA! LA QUIERO BIEN!", aunque sabía que era imposible.
Volví a la etapa de no creerlo. Ella estaba tan bien....pero supongo que a eso le llaman la mejoría de la muerte. No sintió nada, sólo durmio, tranquila, pacifica. Podía haber sido peor. Y llorar sólo me hace sentir egoísta. Por que ella está bien ahora, pero podía haberlo estado en vida también.
Yo la necesitaba, Matias la necesitaba, mi papá mis tios, todos. La necesitábamos.
Sólo me quedan los recuerdos, y su risa, su hermosa risa en mi cabeza, y la preciosa persona que fué en vida.
Yo me preguntaba, por qué a ella. Y es por que era buena. Era la mejor.
No sabes cómo te necesito ahora abuela. No sabes como daría mi vida por que estés aca con nosotros. Te amo, sabias? Asi como vivías por nosotros, nosotros vamos a vivir por vos. Y a demostrarte lo bien que la jugaste.
No me quedo con la imagen tuya, de ángel en el ataúd. No. Sabes con cual? Con la de ese día, creo que era cumplaños de Tomás (ó Matías, por que vos te confundías los nombres, no por que te fallara la memoria, si no por despistada), y de cómo mi papá, Mati, Tomi y yo jugábamos, y vos te reías de esos chistes bobos que hacia Mati. Ese momento, esas risas. Eran lo que me hacía más feliz. Y ahora cuando mire al cielo me voy a acordar, y te voy a dedicar todas mis sonrisas y triunfos.
Gracias abu Elena. Gracias. Te amo, y te vamos a extrañar horrores, hasta que nos volvamos a ver y espero que estés orgullosa de mi, y de nosotros por haber sido tan fuertes.

1 comentario:

  1. No es ser debil llorar, no reprimas tus sentimientos, si necesitas llorar hacelo, por todos los momentos que viviste con ella.
    habeces las cosas parecen injustas, pero todo provoca algo, y esto hace que al final todo vuelva, todo lo bueno y todo lo malo.
    te quiero luu, y siempre que lo necesites voy a estar, cualquier cosa...
    Florr

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