lunes, 2 de abril de 2012

Cargamos.

Cargamos en las espaldas dictaduras de salones que golpearon sin retorno sin perdón y sin piedad a esos hombres que soñaron con dar fin a aquella historia, que no cabe en la memoria pero en la memoria está conquistando otro lugar.
Cargamos en el destino autopistas tenebrosas donde habitan esos cuerpos del delito de pensar, que alimentan esas dagas de abrir las alas del viento para que marchen los lamentos en busca de libertad.
Llevamos en las espaldas utopías generosas que no dieron todo el fruto cuando estaba por llegar. El puente estaba atascado, el rock con nuevos peinados. Unos sacaron el pecho y ahí el puerto dio lugar a otra era libre, sin igual, tan desigual.
Cargamos en los pinceles uno a uno los colores, de esa eterna ignorancia del 'yo me quiero salvar'. Sólo al precio de que alguno queden ciegos sin aliento, y eso va por los que ganan si ellos creen que es ganar. Para todos aquellos que quedaron atrás.
Luego vino el descontento, cada cual en cada choza, cada quien en cada cosa y la misma incredulidad. Corralitos, cacerolas, tres disparos y a la lona. Hubo sangre, hubo caídos, algo había que cambiar. Fue muy duro el vendaval.
Y uno de esos criminales quiso cubrir esa escoria convocando a accesorias tribus para sosegar, algunas cosas cambiaron, otras siguen sucediendo, hay que seguirlas combatiendo día a día sin parar. Alejando el vendaval.
A pesar de diferencias la vereda es la misma, porque enfrente esta esa isla que nos quiere separar.
No queremos más inviernos, ni tan cortas primaveras. Yo te sigo en esta fiesta en la otra se vera, se vera.

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